13/06/2025
En un reciente y emotivo evento en la sede de la Unesco en París, el chef argentino Mauro Colagreco fue nombrado Embajador de Buena Voluntad por la biodiversidad. Más allá del merecido reconocimiento a su gastronomía sostenible, unas palabras de la embajadora argentina, Marcela Losardo, resonaron con una urgencia particular: “Cada vez más vemos cómo el cambio climático provoca un aumento de la pobreza, de las migraciones y contribuye incluso a la desigualdad de género. Actuar hoy es entonces un imperativo moral y ético para terminar con la desigualdad”. Esta declaración encapsula una verdad fundamental y a menudo ignorada: la crisis climática no es neutral en términos de género. Acentúa las brechas existentes, golpeando con más fuerza a quienes ya se encuentran en una posición de vulnerabilidad: las mujeres y las niñas.

A simple vista, puede parecer que una sequía, una inundación o una ola de calor son fenómenos que afectan a toda una comunidad por igual. Sin embargo, al analizar las estructuras sociales, económicas y culturales que nos rigen, emerge un patrón claro. Las mujeres, especialmente en países en desarrollo, cargan con una parte desproporcionada de los impactos del calentamiento global. No se trata de una debilidad inherente, sino de un sistema que les asigna roles y responsabilidades específicas, limitando al mismo tiempo su acceso a recursos, poder y toma de decisiones. Entender esta dinámica no es solo un ejercicio de justicia social, es un requisito indispensable para diseñar soluciones climáticas que sean verdaderamente efectivas y sostenibles para toda la humanidad.
¿Por qué las mujeres son más vulnerables al cambio climático?
La vulnerabilidad de las mujeres frente a la crisis climática no es una condición natural, sino una construcción social. Se arraiga en desigualdades preexistentes que el caos climático no hace más que magnificar. Para comprenderlo, es necesario desglosar los factores clave que crean esta tormenta perfecta.
Roles de género y la economía del cuidado
En muchas culturas alrededor del mundo, las mujeres son las principales responsables de asegurar el agua, el alimento y la energía para sus familias. Son ellas quienes caminan kilómetros bajo un sol abrasador en busca de agua cuando los pozos se secan por la sequía. Son ellas quienes cultivan las pequeñas parcelas de tierra para alimentar a sus hijos, y cuyas cosechas son las primeras en fallar ante patrones de lluvia impredecibles. Cuando los bosques se degradan, aumenta el tiempo y el riesgo que enfrentan para recolectar leña. Este trabajo, a menudo no remunerado y subvalorado, se vuelve exponencialmente más difícil y peligroso a medida que el clima cambia. El tiempo extra dedicado a estas tareas les resta oportunidades de educación, de participación económica y de descanso.
Acceso limitado a recursos y derechos
Globalmente, las mujeres tienen menos probabilidades de poseer tierras, a pesar de que constituyen una parte significativa de la fuerza laboral agrícola. Sin títulos de propiedad, no pueden acceder a créditos, seguros o tecnologías que les ayudarían a adaptarse a las nuevas condiciones climáticas. Esta inseguridad económica las deja con menos capacidad para recuperarse después de un desastre natural, como un huracán o una inundación, que puede destruir su hogar y sus medios de vida. Además, la brecha educativa y digital limita su acceso a información crucial, como alertas tempranas de desastres o conocimientos sobre prácticas agrícolas resilientes al clima.
Menor participación en la toma de decisiones
A pesar de estar en la primera línea de los impactos climáticos, las mujeres están sistemáticamente subrepresentadas en los espacios donde se toman las decisiones. Desde los consejos comunitarios locales hasta las negociaciones climáticas internacionales, sus voces, experiencias y conocimientos a menudo están ausentes. Esto conduce a políticas y proyectos climáticos que no consideran sus necesidades específicas, perpetuando el ciclo de vulnerabilidad. Sin la participación activa de las mujeres, las soluciones propuestas corren el riesgo de ser ineficaces e incluso de exacerbar las desigualdades existentes.
Impactos concretos en la vida de las mujeres
Los factores de vulnerabilidad se traducen en consecuencias reales y devastadoras. No son conceptos abstractos, sino realidades cotidianas que afectan la salud, la seguridad y el futuro de millones de mujeres.

- Seguridad Alimentaria: Las mujeres son clave en la producción de alimentos a pequeña escala. La degradación del suelo, la escasez de agua y los eventos climáticos extremos amenazan directamente su capacidad para cultivar, poniendo en riesgo la nutrición de toda su familia.
- Salud: La recolección de agua en fuentes lejanas y a menudo contaminadas aumenta la exposición a enfermedades transmitidas por el agua. El estrés por calor afecta de manera desproporcionada a las mujeres embarazadas. Además, la malnutrición derivada de la inseguridad alimentaria tiene graves consecuencias para la salud materna e infantil.
- Violencia de Género: En situaciones de caos y escasez de recursos exacerbadas por el cambio climático, las tensiones sociales aumentan. Los desastres naturales y el desplazamiento forzado crean entornos donde la violencia de género, incluida la violencia sexual, el tráfico de personas y el matrimonio infantil, se disparan. Las mujeres y niñas en campamentos de refugiados o desplazados son especialmente vulnerables.
- Carga de trabajo: A medida que los recursos naturales disminuyen, la carga de trabajo doméstico y de cuidados para las mujeres se intensifica, limitando aún más sus oportunidades de desarrollo personal y económico.
Tabla Comparativa: Impactos Climáticos Diferenciados
| Área de Impacto | Impacto Específico en Mujeres |
|---|---|
| Agricultura y Alimentación | Mayor pérdida de cosechas en cultivos de subsistencia gestionados por ellas. Menor acceso a ayudas post-desastre por falta de titularidad de la tierra. Aumento de la malnutrición. |
| Recursos Hídricos | Aumento drástico del tiempo y la distancia para recolectar agua. Mayor riesgo de ataques y violencia sexual durante estos trayectos. Exposición a enfermedades hídricas. |
| Salud | Mayor vulnerabilidad al estrés por calor, especialmente durante el embarazo. Impactos en la salud reproductiva. Mayor carga de cuidado de familiares enfermos. |
| Desastres Naturales | Tasas de mortalidad más altas debido a roles de cuidado (rescatan a niños y ancianos) y falta de habilidades como nadar. Mayor riesgo de violencia sexual en refugios y campamentos. |
Mujeres como Agentes de Cambio: La Clave de la Solución
Presentar a las mujeres únicamente como víctimas sería un error y una injusticia. Ellas no solo sufren los peores impactos, sino que también poseen conocimientos, habilidades y una resiliencia fundamentales para construir un futuro sostenible. Son guardianas de conocimientos tradicionales sobre la gestión de semillas, el agua y la biodiversidad local. Su papel en la comunidad las posiciona como agentes de cambio increíblemente eficaces.
El verdadero camino hacia la justicia climática pasa por el empoderamiento de las mujeres. Cuando se les garantiza el acceso a la educación, a los recursos y a la participación política, las comunidades enteras se benefician. Proyectos de reforestación, agricultura sostenible o gestión del agua liderados por mujeres han demostrado tener tasas de éxito más altas. Fomentar su liderazgo no es solo una cuestión de equidad, es una estrategia climática inteligente. La construcción de resiliencia comunitaria depende de la inclusión de todas las voces y talentos. Necesitamos soluciones inclusivas que reconozcan y valoren el papel crucial que desempeñan las mujeres en la protección de nuestro planeta.
Preguntas Frecuentes
¿Por qué se dice que el cambio climático tiene "rostro de mujer"?
Esta expresión se utiliza para visibilizar que, debido a las desigualdades sociales y económicas existentes, las mujeres y las niñas sufren de manera desproporcionada los efectos adversos del cambio climático. Ellas están en la primera línea del impacto, asumiendo mayores cargas y riesgos para su seguridad y bienestar.
¿Qué es la "justicia climática con perspectiva de género"?
Es un enfoque que busca abordar la crisis climática de una manera que no solo evite empeorar las desigualdades de género, sino que las corrija activamente. Implica asegurar que las mujeres participen plenamente en la toma de decisiones, que las políticas climáticas respondan a sus necesidades específicas y que se beneficien equitativamente de la transición hacia una economía verde.
¿Cómo puedo contribuir a esta causa?
Puedes empezar por informarte y concienciar a tu entorno sobre esta conexión. Apoya a organizaciones que trabajan en el empoderamiento de mujeres en comunidades vulnerables al clima. Exige a los líderes políticos que integren una perspectiva de género en todas las políticas climáticas y medioambientales. Promueve y consume productos de empresas que demuestren un compromiso real con la equidad de género y la sostenibilidad.
En definitiva, la lucha contra el cambio climático y la lucha por la igualdad de género no son dos caminos separados; son la misma lucha. Ignorar una es poner en peligro el éxito de la otra. Como bien se señaló en aquel acto de la Unesco, actuar es un imperativo moral y ético. Un futuro sostenible y habitable para todos solo será posible si es un futuro justo e igualitario, donde las mujeres no solo sobrevivan a la crisis, sino que lideren el camino hacia la solución.
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