19/06/2025
Imagínese ser un científico en 1981, trabajando para una de las compañías petroleras más grandes del mundo, Exxon, y descubrir a través de sus propios modelos informáticos una verdad alarmante: el planeta se está calentando a un ritmo sin precedentes debido a la quema de combustibles fósiles, y las consecuencias para la humanidad serán catastróficas. Esto fue exactamente lo que le sucedió a Marty Hoffert. Sin embargo, en lugar de actuar sobre esta información crucial, la industria para la que trabajaba eligió un camino muy diferente: uno de ofuscación, negación y confusión deliberada. Esta es la historia de cómo la industria petrolera, utilizando el mismo manual que las tabacaleras décadas antes, nos hizo dudar de la ciencia climática para proteger sus beneficios.

La Ciencia Interna vs. La Negación Pública
En la década de 1980, Exxon no era ajena a la ciencia climática. De hecho, estaba a la vanguardia, invirtiendo millones de dólares en investigación de primer nivel. Científicos como Marty Hoffert crearon modelos predictivos que confirmaban con una claridad escalofriante los efectos del CO2 en la atmósfera. Sus hallazgos, compartidos internamente, pintaban un futuro de cambios climáticos drásticos. Sin embargo, lo que el mundo escuchaba de los líderes de la compañía era una melodía completamente distinta.
Mientras los informes internos de Exxon predecían el calentamiento global, su director ejecutivo, Lee Raymond, declaraba públicamente que la evidencia científica era "inconclusa". Esta disonancia no era un accidente; era una estrategia. Documentos internos, como una presentación confidencial de 1989 redactada por el jefe de estrategia de Exxon, Duane Levine, revelaron que la empresa temía "pasos draconianos, irreversibles y costosos" si la opinión pública forzaba una acción política. La solución que encontraron fue simple y devastadora: enfatizar la incertidumbre.
Nace la Máquina de la Duda
Con el aumento de la conciencia pública sobre el efecto invernadero a finales de los 80, la industria pasó a la ofensiva. Se formaron coaliciones como la "Global Climate Coalition", uniendo a gigantes energéticos e industrias dependientes de los combustibles fósiles. Su objetivo no era debatir la ciencia, sino socavarla.
Una de las campañas más notorias fue la del "Information Council for the Environment" (ICE), creada en 1991. Su objetivo, filtrado a la prensa, era explícito: "Reposicionar el calentamiento global como teoría (no como hecho)". Lanzaron anuncios que planteaban preguntas engañosas como: "Si el mundo se está calentando, ¿por qué Kentucky se está enfriando?". Estas tácticas no buscaban informar, sino confundir, explotando la complejidad del clima para generar dudas en la mente del público.
El plan iba más allá de la publicidad. La industria se dedicó a "identificar, reclutar y capacitar a un equipo de cinco científicos independientes" para que actuaran como portavoces en los medios. Estos "expertos", a menudo con credenciales en campos no relacionados con la climatología, aparecían en televisión y radio para debatir con climatólogos reales, creando la falsa impresión de que existía una controversia científica fundamental. Mientras tanto, se canalizaban millones de dólares a través de organizaciones y think tanks de derecha, como el Instituto Cato, que se oponían ideológicamente a la regulación gubernamental, para que amplificaran el mensaje de duda y negación.
El Manual del Tabaco: Un Plan Maestro Reutilizado
Esta estrategia no era nueva. La industria petrolera estaba siguiendo un guion perfeccionado décadas antes por otra industria que vendía un producto letal: el tabaco. La historiadora de la ciencia Naomi Oreskes descubrió que las mismas tácticas, e incluso algunas de las mismas personas, estaban involucradas en ambos frentes de desinformación.
La historia se remonta a 1953, en una reunión secreta en el Hotel Plaza de Nueva York. Los líderes de las principales tabacaleras, alarmados por la creciente evidencia que vinculaba el tabaquismo con el cáncer de pulmón, contrataron al gurú de las relaciones públicas John Hill. Su recomendación fue brillante y perversa: no negar los hechos directamente, sino luchar contra la ciencia con más "ciencia". Un memorando interno de la tabacalera Brown & Williamson resumiría más tarde esta filosofía de forma escalofriante: "La duda es nuestro producto, ya que es el mejor medio para competir con el 'conjunto de hechos' que existe en la mente del público en general".
Crearon el "Comité de Investigación de la Industria del Tabaco" para financiar investigaciones que enturbiaran las aguas y promovieran la idea de que no había pruebas concluyentes. El objetivo no era ganar el debate científico, sino prolongarlo indefinidamente. Si el público estaba confundido, seguiría fumando. Este fue el "manual del tabaco" que la industria petrolera adoptó y ejecutó con una eficacia devastadora.
Tabla Comparativa de Tácticas de Desinformación
| Táctica | Industria Tabacalera | Industria Petrolera |
|---|---|---|
| Financiar "ciencia" propia | Creó el Comité de Investigación de la Industria del Tabaco para generar estudios que crearan confusión. | Financió a científicos e instituciones escépticas para cuestionar el consenso climático. |
| Usar expertos "independientes" | Promovió a científicos en los medios para argumentar que no había pruebas concluyentes. | Reclutó y entrenó a un equipo de científicos para participar en debates y sembrar dudas. |
| Cuestionar el consenso | Insistió en que la relación entre fumar y el cáncer era una "controversia" y no un hecho establecido. | Reposicionó el calentamiento global como una "teoría" en lugar de un hecho científico. |
| Crear frentes de RRPP | Estableció comités y grupos de fachada para difundir su mensaje de duda. | Formó la Global Climate Coalition y el Information Council for the Environment (ICE). |
| Influir en los medios | Persuadió a periodistas para que dieran "ambos lados" de la historia, creando un falso equilibrio. | Lanzó campañas publicitarias y utilizó a sus expertos para confundir al público a través de la televisión y la radio. |
Las Consecuencias: Un Planeta en Riesgo y una Sociedad Dividida
El éxito de esta campaña de desinformación ha sido profundo y duradero. Durante décadas, se retrasó una acción climática significativa. La duda fabricada se convirtió en una profunda división ideológica, especialmente en Estados Unidos, donde creer o no en el cambio climático se convirtió en una cuestión de identidad política. Jerry Taylor, quien pasó 23 años en el Instituto Cato argumentando en contra de la acción climática, ahora lamenta su papel: "Durante 25 años, los escépticos climáticos como yo convertimos en una cuestión central de identidad ideológica que si uno cree en el cambio climático, entonces es por definición un socialista".
Más allá del clima, el legado más peligroso de estas campañas es la erosión de la confianza en la ciencia misma. Al manipular cínicamente la evidencia, estas industrias han sembrado en el público una desconfianza hacia los expertos que hoy vemos reflejada en debates sobre vacunas, seguridad del 5G y pandemias. La duda, una vez liberada, es difícil de contener.
La Lucha por la Verdad: De los Tribunales a la Conciencia Pública
Hoy, la verdad está saliendo a la luz a través de investigaciones periodísticas, académicas y, cada vez más, acciones legales. Fiscales generales de estados como Minnesota y Michigan han demandado a ExxonMobil y otras compañías por llevar a cabo "campañas fraudulentas". Estas demandas argumentan que las empresas sabían de los devastadores efectos de sus productos y, aun así, ejecutaron una estrategia de comunicación para engañar deliberadamente al público.
Aunque ExxonMobil califica estas acusaciones como "sin fundamento", el paralelismo con la industria del tabaco ofrece un posible camino a seguir. Después de décadas de litigios, en 2006, la jueza Gladys Kessler declaró a las tabacaleras culpables de tergiversar fraudulentamente los riesgos del tabaquismo, detallando cómo vendieron sus "productos letales con celo, con engaño". La batalla por la responsabilidad climática puede ser larga, pero la historia nos muestra que la verdad, finalmente, puede prevalecer.
Preguntas Frecuentes
¿Realmente la industria petrolera sabía sobre el cambio climático hace décadas?
Sí. Compañías como Exxon estaban realizando investigaciones climáticas de vanguardia en los años 70 y 80. Sus propios científicos crearon modelos que predecían con precisión el calentamiento global causado por los combustibles fósiles, décadas antes de que la empresa comenzara a negarlo públicamente.
¿Cuál fue la estrategia exacta que usaron para crear confusión?
La estrategia principal fue sembrar dudas sobre el consenso científico. Lo hicieron financiando a científicos escépticos, creando grupos de presión y campañas de relaciones públicas para promover la idea de que el cambio climático era solo una "teoría" y no un hecho, y atacando la credibilidad de la ciencia climática dominante.
¿Por qué se compara esta estrategia con la de la industria del tabaco?
Porque el modelo es prácticamente idéntico. La industria del tabaco fue pionera en la táctica de "fabricar duda" para contrarrestar la evidencia científica que vinculaba sus productos con el cáncer. La industria petrolera adoptó este "manual" para retrasar la acción sobre el cambio climático, utilizando las mismas técnicas de desinformación.
¿Qué consecuencias ha tenido esta campaña de desinformación?
Las consecuencias han sido graves: décadas de inacción política sobre el clima, una profunda polarización pública sobre el tema y una erosión general de la confianza en la ciencia y las instituciones científicas, lo que afecta a muchos otros ámbitos de la sociedad.
¿Hay acciones legales en curso contra estas compañías?
Sí. Múltiples ciudades, condados y estados en Estados Unidos han presentado demandas contra las principales compañías de combustibles fósiles, acusándolas de fraude y de ocultar deliberadamente los riesgos de sus productos, buscando que asuman la responsabilidad por los daños climáticos.
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