27/02/2023
En el ajetreo diario de las grandes metrópolis, nuestra atención se centra en lo que ocurre en la superficie: el tráfico, los rascacielos que tocan el cielo, los parques llenos de vida. Sin embargo, bajo el asfalto y el hormigón, se está desarrollando un fenómeno sigiloso y potente con consecuencias directas para la estabilidad de nuestras ciudades. Científicos lo han bautizado como cambio climático subterráneo, un calentamiento gradual del subsuelo que, hasta hace poco, había pasado desapercibido para la mayoría, pero cuyos efectos ya están comenzando a manifestarse de formas preocupantes en la infraestructura que sustenta nuestra vida moderna.

Un innovador estudio de la Universidad Northwestern en Estados Unidos ha arrojado luz sobre este problema, calificándolo de “peligro silencioso”. Este fenómeno no solo está relacionado con problemas ya conocidos como la contaminación de acuíferos o ciertas afecciones de salud, sino que está provocando una transformación física del terreno sobre el que se asientan nuestros edificios, túneles y sistemas de transporte. El suelo, literalmente, se está deformando bajo nuestros pies, y la mayoría de nuestras estructuras no fueron diseñadas para soportar este nuevo tipo de estrés térmico.
¿Qué es Exactamente el Cambio Climático Subterráneo?
El término puede llevar a confusión, por lo que es crucial diferenciarlo del cambio climático atmosférico que domina los titulares. El profesor Alessandro Rotta Loria, líder de la investigación, lo define como “el aumento de temperatura por debajo de la superficie”. Aunque ambos son resultado del impacto humano en el planeta, sus causas directas son distintas. El cambio climático subterráneo no es provocado por los gases de efecto invernadero en la atmósfera, sino por el calor que emana constantemente de las propias estructuras urbanas.
Las fuentes de este calor son múltiples y omnipresentes en cualquier ciudad densamente poblada:
- Sistemas de transporte subterráneo: Los trenes y metros generan una enorme cantidad de calor por la fricción y sus sistemas motrices, que se disipa hacia el terreno circundante.
- Sótanos y aparcamientos subterráneos: Estas estructuras, a menudo climatizadas, actúan como radiadores constantes hacia el subsuelo.
- Redes de servicios: Tuberías de calefacción, cables eléctricos de alta tensión y sistemas de alcantarillado liberan calor de forma continua.
- Cimientos de edificios: El calor de los propios edificios se transmite hacia abajo a través de sus cimientos.
- Absorción de calor superficial: El asfalto y el hormigón absorben la radiación solar durante el día y la liberan lentamente durante la noche, parte de la cual penetra en el subsuelo.
Este proceso convierte a las ciudades en “islas de calor” no solo en la superficie, sino también en el subsuelo, creando un microclima subterráneo con temperaturas significativamente más altas que las de las zonas rurales cercanas.
El Impacto Silencioso en la Infraestructura Urbana
El principal hallazgo del estudio de Rotta Loria es la conexión directa entre este aumento de temperatura y la deformación del suelo. Los materiales geológicos, como la arcilla y la arena, se expanden y contraen con los cambios de temperatura, un comportamiento que, aunque sutil, tiene efectos acumulativos devastadores a lo largo del tiempo.
Las simulaciones realizadas por el equipo de investigación revelaron movimientos alarmantes:
- El calentamiento puede provocar que el suelo se hinche y se expanda hacia arriba hasta 12 milímetros.
- Bajo el peso de un edificio, este mismo suelo puede contraerse y hundirse hasta 8 milímetros.
Puede que unos pocos milímetros no parezcan mucho, pero para la ingeniería civil, son magnitudes enormes. Los cimientos, los túneles y las estructuras de soporte están diseñados con tolerancias muy precisas. Un movimiento inesperado y continuo de esta naturaleza puede comprometer su integridad operativa y estética, llevando a la aparición de grietas en paredes, problemas en los cimientos y desalineaciones en las vías del metro. El profesor Rotta Loria advierte: “Es muy probable que el cambio climático subterráneo ya haya causado grietas que no asociamos a este fenómeno porque no éramos conscientes de ello”.
Afortunadamente, el experto aclara que no existe un riesgo inminente de colapso de edificios. “Las estructuras se están hundiendo lentamente. Las consecuencias podrían ser muy malas, pero tomará un largo tiempo para verlas”. Sin embargo, el coste de las reparaciones y el mantenimiento preventivo podría dispararse en las próximas décadas. Los edificios más vulnerables son los más antiguos, como los que se encuentran en los cascos históricos de Europa, con cimentaciones medievales que nunca fueron concebidas para soportar estas nuevas tensiones térmicas.
Tabla Comparativa: Subsuelo Urbano vs. Subsuelo Rural
Para entender mejor la magnitud del problema, la siguiente tabla compara las condiciones del subsuelo en una zona urbana densa frente a una zona rural.
| Característica | Zona Urbana Densa | Zona Rural |
|---|---|---|
| Temperatura Subterránea | Elevada y en aumento (hasta 10°C más alta) | Estable y acorde con la temperatura media anual |
| Fuentes de Calor Artificial | Múltiples (metro, sótanos, cables, etc.) | Inexistentes o mínimas |
| Variación de Temperatura | Constante y creciente | Mínima, sigue ciclos estacionales naturales |
| Estabilidad del Suelo | Comprometida por expansión y contracción térmica | Alta, sujeta solo a procesos geológicos naturales |
| Riesgo para Infraestructura | Alto (fisuras, hundimientos, deformaciones) | Bajo o nulo |
De la Amenaza a la Oportunidad: ¿Podemos Aprovechar este Calor?
A pesar del panorama preocupante, este peligro silencioso también esconde una oportunidad notable. El calor acumulado bajo nuestras ciudades es, en esencia, una enorme fuente de energía térmica desperdiciada. En lugar de dejar que dañe nuestra infraestructura, podríamos capturarlo y reutilizarlo.
Aquí es donde entra en juego la energía geotérmica. Se pueden instalar tecnologías geotérmicas en los cimientos de los edificios nuevos o existentes para extraer este calor del subsuelo. Esta energía puede ser utilizada para la calefacción de los propios edificios durante el invierno o para calentar agua, reduciendo drásticamente la dependencia de combustibles fósiles y disminuyendo la factura energética. Según Rotta Loria, la cantidad de calor disponible “seguramente sería suficiente para cubrir la demanda de calefacción” de muchos edificios.
Además de aprovechar el calor, se pueden implementar medidas de mitigación. Instalar aislantes térmicos avanzados alrededor de los sótanos y túneles puede minimizar la cantidad de calor que se filtra al suelo, frenando el proceso de calentamiento y protegiendo tanto las estructuras como el terreno circundante. Es fundamental que los nuevos proyectos de construcción urbana tengan en cuenta este fenómeno en sus diseños para garantizar la resiliencia a largo plazo.
Preguntas Frecuentes (FAQ)
¿Es el cambio climático subterráneo un peligro inmediato para mi seguridad?
No. Los expertos indican que el proceso es muy lento y no hay riesgo de colapsos repentinos de edificios. El peligro es a largo plazo y se manifiesta en forma de daños estructurales, grietas y costes de mantenimiento elevados, afectando la funcionalidad y vida útil de las edificaciones.
¿Todas las ciudades están igualmente afectadas?
No. Las ciudades más vulnerables son aquellas que son muy densas, tienen extensos sistemas de transporte subterráneo y están construidas sobre terrenos geológicamente blandos o inestables, como suelos arcillosos. Ciudades con infraestructuras más antiguas también corren un mayor riesgo.
¿Qué se puede hacer a nivel individual o comunitario?
A nivel individual, la contribución es limitada. Sin embargo, es crucial que los ciudadanos exijan a sus gobiernos y a los planificadores urbanos que consideren este fenómeno en los nuevos códigos de construcción y en los planes de desarrollo urbano. Apoyar la implementación de tecnologías geotérmicas en edificios públicos y privados es un paso fundamental hacia la solución.
¿El estudio de Chicago es aplicable a mi ciudad?
Sí. El equipo de la Universidad Northwestern utilizó Chicago como un laboratorio vivo, instalando más de 150 sensores que confirmaron el calentamiento subterráneo. Rotta Loria afirma que “el cambio climático subterráneo es común a todas las áreas urbanas densas por el mundo”. Aunque cada ciudad requiere una evaluación específica, los principios y riesgos son universales.
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